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El encaje veneciano

El encaje veneciano es una antigua tradición, reconocida como arte, presente sobretodo en la pequeña isla lagunar de Burano . Los encajes se pueden producir mediante dos técnicas diferentes: la técnica a aguja, que sobrevivió en la laguna sólo en la isla de Burano, donde alcanzó niveles artísticos de primer orden, y la técnica de bolillos, que en vez se desarrolló en Venecia y en las restantes islas lagunares. La primera, deriva del bordado y se obtiene sólo con aguja e hilo sin ningún soporte textil y de aquí coge la delicada nominación de “punto en aire”, la segunda se realiza sobre el tombolo, un cojín cilíndrico relleno de tela.

El encaje veneciano nace en el siglo XVI, justo en medio del Renacimiento italiano, periodo del resurgir artístico y cultural. Fue inmediatamente tan apreciado en Europa que se convirtió en una mercancía de exportación no menos importante que el cristal de Murano, contribuyendo de forma significativa al facturado económico de la Serenísima. También durante los siglos XVII y XVIII las creaciones de las encajeras venecianas continuaron a ser muy buscadas por todas partes. Algunas crónicas del tiempo muestran bien el éxito del encaje veneciano, sobretodo vistos los altos costes, entre los aristocráticos: un noble inglés pagó 250 húngaros en 1638 para poder adornarse con un collar de encaje veneciano en ocasión de la coronación del Rey Sol al trono de Francia, mientras el emperador José II de Habsburgo llegó a gastar 3000 florines para las decoraciones a punto en aire, destinadas a embellecer su lecho nupcial.

A lo largo del siglo XVIII, la llegada al mercado de la competencia extranjera, en concreto de los más económicos encajes franceses, llevó a un neto bajón de la producción y al declive de la industria de Burano. Declive que se convirtió en crisis profunda tras la revolución francesa, con la prohibición de ponerse el encaje en el nombre de la igualdad y la supresión de monasterios y conventos (lugares de producción por excelencia), seguido a lo largo del siglo XIX de la introducción de las máquinas.

El arte del encaje en Venecia se reanuda sólo en 1872 con la institución de una escuela profesional, creada por la condesa Adriana Marcello dada la necesidad de renovar las grandes tradiciones locales. La sede de la escuela de Burano, cerrada en 1973, acoge desde 1981 un museo en el que se exponen antiguos instrumentos para coser, puntillas y encajes de formas variadas y diferentes épocas.

Hoy, el original encaje veneciano y de Burano en especial modo, se realiza todavía a mano y es tan caro como apreciado. Para salvaguardar la perfección con la que algunas obras maestras son aún realizadas y a contrarrestar la perenne crisis del arte del encaje, la Región Véneto ha pensado, a distancia de 130 años desde la primera, volver a instituir en Burano una escuela de alta especialización con el objeto de tutelar una tradición y un arte que han formado parte del rico patrimonio cultural veneciano.


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